EL Fantasma de la Ruta

Son comunes las historias de fantasmas y apariciones en pueblos chicos, cementerios y algún que otro paisaje que guarda una historia trágica en su pasado. En mi condición de viajar a dedo me identifico con el mito de la dama de blanco haciendo dedo en la ruta (también conocida como La Llorona aunque sus versiones verían por toda América).

Cuenta la leyenda que si viajas por ruta a la noche y solo, puede aparecer una mujer vestida de blanco haciendo dedo a un costado del camino. Si la ignorás, unos kilómetros más adelante vuelve a materializarse haciendo dedo. Otra vez podés elegir frenar o ignorarla y seguir de largo. Si seguís de largo por segunda vez la vas a ver por el espejo retrovisor sentada en el asiento trasero del auto.  Seguir Leyendo

7856 km en 85 Días

7856 km como prólogo de un libro que me prepara directa o indirectamente a las rutas que se vienen, fueron mis primeros pasos en este nuevo estilo de vida. 7856 km que pasaron volando y no llegué a salir de Argentina (excepto por el momento que crucé por Chile para llegar a Tierra del Fuego). A dedo, en auto, bondi, barco e incluso una moto; con “Bamboo”, mi mochila compañera, recorriendo viejas rutas conocidas de la forma más austera posible para saborear cada kilómetro recorrido, cada palabra escuchada y cada experiencia vivida.  Seguir Leyendo

CUARENTENA “Una historia en alta mar”

En Enero 2022 comenze mi viaje por las rutas de mi tierra. Una odisea a dedo de más de 10.000 Km que podría llevarme dese Buenos Aires hasta la Ciudad de México y sin embargo no salgo de mi propio país. El primer trayecto fué la Patagonia y ya completé 7.856 km en 2 meses y medio. Durante este trayecto cerré un ciclo con mi viaje a inicios de la pandemia, y con ese cierre nació mi primer libro, “Cuarentena, una historia en alta mar”. En este artículo quiero regalarles el primer capítulo de este libro. Seguir Leyendo

Detrás de la Puerta

Abro la puerta con las bisagras viejas oxidadas, emite un sonido que te invita a la aventura. Detrás de la misma hay una escalera de mano hecha de metal, tiene una mezcla de pintura antióxido y lo que queda de su color ocre original y apenas entra en ese espacio angosto y alto que no debe tener ni un metro cuadrado. Tomo con mis manos los escalones para mantener el equilibrio y el frío del metal comienza a recorrer mis brazos. Siento el olor que baja con la bruma producida por el polvo, Y escucho los ruidos de lejos las vigas de madera, que sostienen las tejas del techo, afectadas por los años.   Seguir Leyendo