Circuito Salta Sur

El cerebro humano funciona en gran parte por la asociaciones de la memoria, siempre hay algo que nos hace acordar a otra cosa, y automáticamente nos produce una sensación asociada con el recuerdo

El camino que tomamos desde Salta capital a Cafayate fue la primera vez que asocie un paisaje con una bebida y me dieron ganas de tomarme una buena chocolatada fría. Un camino repleto de montañas color tierra que me llevaron a mi infancia y esos vasos de chocolate que me servían en las tardes calurosas.

Cafayate se luce por su elegancia, un pueblo rodeado de viñedos, con bodegas de muy alta calidad, es de los mejores lugares para visitar durante las fiestas de las vendimias, sé que asistí a una en apoyo a la sociedad defensora de los derechos de la mujer, de la que participaron las bodegas más grandes de la zona y creo que esto todo lo que puedo recordar de ese día y que me gané un vino también.Pero años antes también visité ese pueblo más allá de los viñedos. Fui las quebradas de las conchas y las 7 cascadas, entre otros lugares emblemáticos que te muestran en los folletos. Pero además al caminar por la plaza del centro me contaron de un viejo molino, ya en desuso, que se encontraba dentro de una estancia. Pedí un par de indicaciones y salí a buscarlo sin saber que me iba a encontrar.

Saqué el pulgar en lo alto hasta que me levantó una camioneta y me llevó a unas estancias alejadas del pueblo. Me bajo en plena ruta y sin ningún cartel que indique sobre el molino, comienzo a seguir el camino de un alambrado (en realidad no había un camino, solo no tenía que perder de vista el alambrado ya que me alejé bastante de la ruta). Una hora de caminata y encontré una tranquera que no parecía tener mucho uso eso me condujo a unas vides y bien metido adentro de la plantación el viejo molino.

Si ya había violado la ley de invasion de propiedad privada al cruzar la tranquera, meterme al molino sin pedir permiso no me pareció mucho más grave.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que llegó una anciana que parecía descendiente de los indios calchaquíes, con una escoba en la mano, no sé si por que estaba limpiando o por que quería sacarme corriendo del lugar. Le expliqué mis intenciones y mi curiosidad por el molino más que por el viñedo, se le iluminaron los ojos. Inmediatamente recibí una demostración del funcionamiento del molino y de la gran producción que llevaba. Un poco nostálgica la vi cuando me contaba de cómo esas tierras fueron compradas para producir vino e inmediatamente el molino dejó de trabajar, ella logro conservar un trabajo en la estancia. Me despedí y ella con una sonrisa muy cálida, me regaló un racimo de uvas de la vid para el camino y para concretar un día así las montañas y el atardecer te regalan un cuadro digno de museo.

Unas cuantas nubes se fueron juntando en estos días amenazando con lluvias y tormentas, solo me quedaban pocos días para terminar este viaje y le pedí a la pacha que me ayude con un buen clima, esa misma noche hubo una gran tormenta de viento que me obligó a salir de la carpa y clavar las estacas al suelo nuevamente, una imagen un tanto tenebrosa sobreto al ver pasar al guardia del camping gritando “Si llueve vayan todos al quincho”. Me volví a meter en la carpa a tratar de dormir. No sé qué habrá sido, si las hojas de coca que le ofrecí a la pacha o pura suerte, pero esa tormenta se llevó las nubes por el resto del viaje.

Unos siete años después volví a Salta para completar el circuito por el lado oeste de la provincia, por la famosa ruta 40. Esta vez íbamos en un grupo con una pareja que aún siendo de Salta nunca habían recorrido esta zona y fue un regalo de matrimonio que les dio la familia.

Cuando me preguntan a mi <<¿No te cansas de vivir viajando?>> yo les respondí <<¿No se cansan uds de vivir siempre en el mismo lugar?>>.

Pero cada uno encuentra la felicidad donde más le gusta.

Salimos desde la ciudad de Salta hacia Cachi. Pasamos por la Cuesta del Obispo donde se debía ver una panorámica importante de las montañas y al fondo la ciudad, pero las nubes decidieron que no y en cambio nos regalaron una imagen apocalíptica ya que al salir de esa niebla veíamos de fondo como nos perseguía la tormenta mientras disfrutamos del sol.

Más adelante pasamos por algunas ruinas de un pueblo inca, el desierto de los cactus y finalmente Cachi un pueblito perdido en el altiplano que se volvió muy popular gracias a este circuito Salta-Cachi-Cafayate-Salta. Acá, más allá de para en algunos pueblos donde la comunicación con los locales es un poco más complicada porque están más interesados en vender artesanías y comida a los turistas que en conocerte, es un recorrido paisajista, con lugares realmente impresionantes como la Quebrada de las Flechas, una cadena de cerros picudos que daban la forma de las puntas de flechas. Y el ecosistema pre cordillerano por donde transitaba el camino de los Incas. Todo esto desembocando en Cafayate para emprender el retorno a la ciudad de Salta parando por la Quebrada de las Conchas, o como me gusta llamarlo a mi “Las montañas chocolatosas”.

Así llegamos de nuevo a Salta donde emprendí el segundo gran circuito que te lleva por el camino alterno al Tren de las Nubes pero eso te lo voy a contar en otro post.


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Cuando el mundo se detuvo por un virus, nosotros quedamos atrapados en el mar. Navegando por los mares de Europa y el caribe con la incertidumbre de no saber cuándo volveríamos a pisar tierra. Mandame un mensaje por mail hola.unboludoporelmundo@gmail.com y te lo envío de forma digital para que lo puedas leer desde cualquier plataforma. Si querés saber más hacé click en la foto para leer el primer capítulo

Buenas vibras!

Andrés.


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