Amor a la Romana

Si me siguieron en orden esta es la continuación de mi viaje por Italia y aquí ya estoy viajando de Florencia a Roma.

En esta ciudad ya se siente a gran escala el caos con el que se suele enfrentar la mayoría de las capitales mundiales. La tranquilidad es algo que dejé atrás, desde la estación de trenes misma hasta a la llegada del hostel supo ser algo estresante, ahora si me sentía como en casa. Gente yendo de un lado para el otro, automóviles acelerando en esquinas para evitar el semáforo rojo o la cortesía hacia el peatón y vendedores que intentan aprovecharse de mi situación viajera. Pero sin embargo seguía manteniendo una arquitectura más parecida a una ciudad antigua que a los rascacielos que crecen como yuyos en ciudades más modernas.

Al llegar donde se suponía que estaba el hostel, me encontré con la sorpresa de que se habían mudado y no dejaron una nueva dirección. Pero si tenía un teléfono. Tuve que acudir a la ayuda de un Indú en una barbería para llamar desde su teléfono y me atendió un Iraní al cual no entendía nada de lo que me decía, el indú habló con él y cuando cortó le pidió ayuda a un coreano que tenía su local al lado para averiguar dónde quedaba la dirección que le habían pasado. Yo estaba un poco nervioso, cansado y ansioso por llegar al Hostel y poder relajarme un rato, pero creo que fue incluso días después cuando me dí cuenta en el caos internacional en el que me había metido buscando una dirección.

Al final llegué, me tiré a descansar un rato y a la noche ya estábamos yendo con algunos compañeros de la habitación a tomar unas cervezas.

Al otro día arrancamos por lo clásico, un paseo multitudinario por el coliseo y el circo romano, relajarnos un rato a las orillas del río Tíber, visitar el castillo Sant´Angelo, la plaza España y caminar por las calles de Roma. En un momento, de tanto caminar me choque con la Fontana di Trevi bien escondida entre edificios y calles cerradas, y obvio una multitud de gente que fue el mayor indicio de haberla encontrado.

El segundo día ya éramos varió los del hostel que medianamente coordinamos las salidas aunque cada uno la termina haciendo a su ritmo, algunos tiene menos tiempo y prefieren correr más para ver todo, yo prefería detenerme a disfrutar las cosas que veía y me interesaban y otros querían quedarse a ver y fotografiar hasta el último detalle. Hubo un alemán que en cada edificio hacía una reflexión un tanto rebuscada sobre el diseño y al final del recorrido, entre cervezas, nos confesó que odia la arquitectura antigua y que si fuese por él reconstruye toda Roma. Alguien que por esta y muchas otras situaciones que nos hizo vivir se ganó el título de “Personaje Raro de Hostel”, artículo que en algún momento le dedicaré tiempo para este blog.

Para ese entonces yo ya estaba esperando tener noticias de la gente que conocí en Florencia. Es importante remarcar que para cuando hice este viaje no tenía whatsapp, Instagram, es más no tenía conexión a internet más allá de una computadora en el hostel donde solo podía ver mi mail. El único dato que tenían ellos para encontrarme era el nombre de mi hostel. Las posibilidades eran escasas, pero los viajes tienen esa magia que te regala buenos momentos.

El tercer día, ya por la tarde, casi noche, estábamos sentados con Marcus otro alemán que me acompañaba cada vez que había cervezas y pensando a donde ir a la noche cuando por la puerta entre Marc (el canadiense que conocí en Florencia) y la noche tomó otro color.

Nos fuimos los tres a una plaza a encontrarnos con las uruguayas, previo comprar cervezas que las pusimos a enfriar en una fuente pública (si vienen leyendo mis historias quizás vean un patrón con lo que hice en una fuente de París). Y la noche fue generando una tertulia internacional, gente que nos vio con las cervezas nos consultó donde las compramos y volvieron con más cervezas, entonces ya éramos una mezcla de argentinos, uruguayas, canadienses, alemanes, australianos, NeoZelandeses y más tarde incluso llegaron chinos, taiwaneses, franceses y coreanos. Seguramente me estoy olvidando de alguna ciudadanía. Cuando la aglomeración llamaba la atención de los carabinieris nos fuimos a un boliche para no tener problemas. Y el boliche estaba compuesto por dos barmans un dj un guardia y todos los que fuimos desde la plaza. Pocos y muchos a la vez. La noche de roma nos enamoró, terminamos todos cantando por las calles, queriendo entrar al hostel equivocado, pero con esos recuerdos que uno esperaría tener en los viajes.

Y si bien me quedaban dos días en Roma ya empezaba mi despedida a un viaje que me dejó más que satisfecho. Algo que venía buscando hacer desde chico, conocer los lugares donde vivió mi familia, entender un poco más por qué eligieron la Argentina para seguir con sus vidas, encontrarme con esa cultura y esas historias que escuchaba desde chico, aventurarme a algo completamente extraño y cumplir con un deseo real que no me había impuesto ninguna convención social sino que fue algo que yo busque y me gane con mucho esfuerzo.

Ya en el avión sentía ese vacío que te deja un sueño cumplido. Sin haberlo pensado no tenía otro propósito esperándome, sobre todo en la escuela me había inculcado que a los 25 uno ya tiene pareja, terminaba los estudios y comenzaba con el plan de familia, pero yo no lo veía así, o por lo menos no de esa forma quizás la pareja esté en los viajes y el trabajo podría hacerme viajar. Un mundo nuevo estaba naciendo en mi cabeza y cuando el avión estaba por aterrizar en Buenos Aires una pregunta nació en mi:

-Y ahora,¿ A dónde nos vamos?-


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Cuando el mundo se detuvo por un virus, nosotros quedamos atrapados en el mar. Navegando por los mares de Europa y el caribe con la incertidumbre de no saber cuándo volveríamos a pisar tierra. Mandame un mensaje por mail hola.unboludoporelmundo@gmail.com y te lo envío de forma digital para que lo puedas leer desde cualquier plataforma. Si querés saber más hacé click en la foto para leer el primer capítulo

Buenas vibras!

Andrés.


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